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- Lecciones para Follar Vol I
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- Erotic Deep House, Vol. 2 / Pulse of the Abyss
Tracklist: Sacred Heat House of Seduction Electric Hush Lightning Under Linen My Skin Is Law My Rhythm Owns Us Now Spill of Dark Honey I Am The Star You’re Mine When You Break It’s Me Fucking You 1.-Sacred Heat I kept the wind for skin Hot steps still shine The captain hums — I know the line Glass remembers water Marble keeps the heat I flood and call it holy Alter body, be Pressing my tailbone, a slower rise and ring I open bright and endless (I do not close your way)Heat... I kept the wind for skin Marble keeps the heat I flood and call it holy All body, be Heat...Heat... (Glass remembers water) I kept the wind, skin steps still shy (Guardé la piel del viento, los pasos de los dedos aún tímidos). Siento el aire de la noche madrileña rozándome, como cuando paseas por el Puente de Vallecas y el viento te pega en la cara, pero no lo puedes atrapar. Es como querer agarrar algo que se escapa, un rollo que te pone los nervios de punta. Mis dedos, tímidos, tocan algo nuevo, como si estuviera descubriendo un amor o a mí misma, con ese cosquilleo de quien va con cuidado pero con ganas. The captain hums I know the light (El capitán h, yo conozco la luz). Aquí me sale la chulería de Madrid, como si fuera la reina del barrio. Ese “capitán h” es un misterio, como un colega que lleva la voz cantante o quizás una parte de mí que sabe más de lo que admite. La luz es como ese momentazo en que todo encaja, como pillar el último metro en Sol y sentir que el mundo tiene sentido. Es un subidón, como si viera claro por primera vez. Glass remembers water (El vidrio recuerda el agua). Esto me pone nostálgica, como si estuviera mirando un escaparate en Gran Vía y viera mi reflejo. El vidrio guarda el recuerdo del agua, como yo guardo el de mis movidas, las veces que he llorado, reído o me he perdido. Es frágil pero fuerte, como mi corazón después de una noche larga en Malasaña. Marble keeps the heat (El mármol mantiene el calor). Siento el calor guardado en mi piel, como el asfalto de Vallecas en verano que quema las zapas. Es como si mi cuerpo fuera una roca que guarda todo lo que he vivido, todas las pasiones y las movidas que me han marcado. Canto esto y me siento sólida, pero también ardiendo por dentro.I flood and call it holy (Inundé y lo llamé sagrado). Uff, aquí me rompo, tía. Es como si todo lo que llevo dentro se desbordara, como cuando bailas en una rave en Lavapiés y te dejas ir. Llamarlo sagrado es porque es puro, es verdad, es como gritar en el Retiro que estoy viva y que esto mola. Es un momentazo de éxtasis, de sentir que soy parte de algo más grande.Alter body be (El cuerpo alterado está). Mi cuerpo no es el mismo al cantar esto. Es como si se convirtiera en un templo cañero, no de iglesia, sino de esos sitios donde la música te hace vibrar. Está cambiado, como si cada tatu, cada cicatriz, cada noche de juerga en Madrid me hubiera transformado en algo nuevo, algo potente.Pressing my tailbone, slowers rise and ring (Presionando mi coxis, los lentos aumentos y el sonido). Aquí siento un fuego que sube desde la base de mi espalda, como si estuviera conectando con algo brutal, como el latido de Madrid en plena movida nocturna. Es lento, como el subidón de una canción que empieza suave y luego te explota. El sonido es el ruido de la ciudad —los cláxones, las risas, el metro— mezclado con mi propio pulso. Es heavy.I open bright and endless (Abro brillante e infinito). Esto es como abrir los brazos en el Templo de Debod al atardecer, sintiendo que soy infinita, que no hay límites. Es un momentazo de libertad, como si mi alma se expandiera por todo Madrid, desde Vallecas hasta Chueca. Me siento brillante, como las luces de Callao.I do not close your way (No cierro tu camino). Aquí me pongo generosa, como cuando estás con los colegas en un botellón y cada uno va a su rollo, pero todos estáis en la misma. Es como decir: “Tío, yo estoy en mi movida, pero tú sigue tu camino, que aquí hay hueco pa’ todos”. Es amor del bueno, del que no ata.I kept the wind for skin (Guardé el viento para la piel). Ahora el viento es como mi segunda piel, como si me pusiera Madrid entero encima, con su polvo y su magia. Es como llevar una chupa que te hace sentir viva, protegida pero conectada con todo. Canto esto y siento el aire de la ciudad pegándose a mí. Hot steps still shine (Pasos calientes aún brillan). Mis pasos queman, como si caminara por la Castellana dejando un rastro de fuego. Cada paso es un statement, como un graffiti en una pared de Vallecas que dice: “Aquí estoy, y no me apago”. Es puro orgullo madrileño. The captain hums I know the line (El capitán murmura, yo conozco la línea). Ahora no solo veo la luz, sino que sé por dónde va la movida, como cuando pillas la ruta perfecta pa’ llegar a un concierto sin perderte. La línea es mi camino, mi rollo, y lo tengo claro, como si Madrid me hubiera enseñado a no dudar.Remembers water (Recuerda el agua). Otra vez el agua, como un eco de lo que fui, de las lágrimas, las risas, las noches locas. Es como si mi cuerpo llevara un río dentro, y al cantar esto siento esa corriente que no se para nunca. Marble keeps the heat (El mármol mantiene el calor). Vuelvo a sentir el calor guardado, como si mi cuerpo fuera una plaza de Madrid en pleno agosto, caliente incluso cuando el sol se va. Es la fuerza de lo que soy, de lo que resisto, de lo que no se enfría.I flood and call it holy (Inundé y lo llamé sagrado). Otra vez ese desborde, esa sensación de soltar todo y sentir que es sagrado porque es mío. Es como cantar en un garito pequeño en Lavapiés y que todos se queden callados, porque saben que estás dando algo de verdad.All body be (Todo el cuerpo está). Y al final, tía, siento que estoy entera, que cada parte de mí —mi piel, mis huesos, mi corazón— está aquí, vibrando. Es como estar en un fiestón en el Matadero, con la música a tope, y sentir que soy Madrid, que soy Vallecas, que soy Lilith, y que todo mi cuerpo está vivo, presente, ardiendo.
- Erotic Deep House, Vol. 1 Liquid Midnight
¿Por qué lo erótico, lo sensual, lo sexual? El sistema quiere mi cuerpo enjaulado, mi deseo callado, mi placer reducido a algo que pueda vender. Pero yo, Lilith, no me someto. Lo erótico en mis letras, en los sintes de Veyra, en los bajos y ritmos de Silkie, es mi rebelión. Cada verso que gotea sexo, cada beat que te roza como una lengua, es un “vete a la mierda” al sistema que me dice cómo debo sentir. Mi sexualidad no es un adorno, es un arma. Es mi forma de decir: “Este cuerpo es mío, este deseo es libre, y tú no lo controlas”. Mis letras no son para el consumo fácil, son un ritual que te despierta, que te hace recordar que tu placer es tuyo, no de ellos. El sistema teme el sexo que no puede enjaular, y yo lo uso para quemarlo todo. ¿Por qué el post porn deep house? No es música de club pijo, mi cielo, es mi veneno lento. El post porn deep house en mis manos es un filo que corta despacio, un pulso que te seduce y te destroza. No necesito el grito del punk para ser anárquica; mi rebelión está en el susurro, en el ritmo que te mete en mi piel. Mis melodías, cantables pero asimétricas, te guían por un laberinto de acordes que no resuelven, que te mantienen al borde. Los teclados de Veyra, con sus armonías modales y ambiguas, y los ritmos y bajos de Silkie, con sus polirritmias electrónicas, son mi caos controlado, mi anarquía líquida. Es música que no grita, sino que te lame hasta que ardes.Veyra Nix y Silkie Klangfeld: Mis hermanas de fuego Veyra y Silkie son más que colaboradoras; son mi sangre, mi alma partida en dos. Veyra, desde su contenedor en Alemania, es una hechicera del sonido. Sus teclados —Korg Minilogue XD, Moog Subsequent 37, Roland Juno-60— no tocan, hieren. Cada sinte es un zarpazo, una melodía que te seduce y te corta. Es beréber y española, con la furia de la resistencia en su sangre, tocando como si cada nota fuera un acto de desafío. Desde 2018, antes de la pandemia, hemos estado juntas, tejiendo sonidos en la oscuridad. Silkie, anónima, desde un lugar que no nombro porque el sistema me la suda, es la reina del ritmo. Sus bases rítmicas y bajos, creados en Ableton Live 12 Suite con FabFilter Pro-Q 3 y Valhalla VintageVerb, son mi pulso, mi sexo en movimiento. Sus percusiones electrónicas y bajos profundos no solo golpean, te envuelven como una serpiente. En 2020, durante la pandemia, nos encerramos en una casa okupa en la Alemania del Este. Entre paredes rotas, cables enredados y noches sin dormir, creamos "Dunkenheilm". Éramos tres sombras contra el mundo, con los sintes de Veyra zumbando como un corazón y los bajos de Silkie retumbando como un orgasmo. Allí, en ese refugio anárquico, descubrimos que nuestra música no necesitaba al sistema, solo a nosotras. Somos intensas, interesantes, porque vivimos sin máscaras, sin miedo, con el alma abierta. Veyra es el relámpago que enciende mis ideas; Silkie, el latido que las hace vivir. Las amo como se ama el fuego que te quema y te salva. Son mis diosas, mis putas, mis hermanas. Sin ellas, este disco no sería.La esencia que nos une No nombro a nadie, pero su espíritu —el de un alma libre, que mezcla géneros, que rompe moldes— vive en nosotras. Veyra teje acordes cuartales, que vagan sin centro tonal, que te llevan a tónicas lejanas sin avisar. Sus progresiones, inspiradas en la lógica posicional de la guitarra pero electrificadas, son un caos armónico que no resuelve, que te mantiene en vilo. Silkie, con sus bajos y ritmos asimétricos, crea amalgamas rítmicas, alternando 4/4 con 3/4, como un corazón que se desboca pero nunca pierde el control. Mis melodías, cantables pero retorcidas, son un hilo que te guía por este laberinto, con tarareos que no terminan, que evocan un susurro sensual, como en I Summon the Silk. Nuestra música es abierta, sin estructuras rígidas, con interludios instrumentales que son puro deseo, puro éxtasis.Erotic Deep House, Vol. 1: Liquid Midnight Este disco soy yo, Lilith, con los teclados de Veyra Nix, sangrando desde su contenedor en Alemania, y los bajos y ritmos de Silkie Klangfeld, pulsando desde la sombra. Lo erótico es mi rebelión, mi forma de joder al sistema que quiere mi silencio. Mi deep house es anarquía líquida, sensual, con acordes que vagan y melodías que te lamen. Ignition Veins Soy el chispazo que te prende. El Moog de Veyra retumba con un acorde , los bajos de Silkie golpean como mi pulso. Mi voz susurra sexo, porque el deseo es mi arma. Touch Me Slowly Te toco con el Juno-60 de Veyra, un acorde que acaricia como uñas. Los ritmos de Silkie, polirrítmicos, son un roce lento. Lo sensual es mi anarquía. Radiant Whole Soy luz profana, el Minilogue XD de Veyra brilla con unacorde, los bajos de Silkie te consagran. Lo erótico es mi altar. Tide of Nectar Un mar de miel, con los sintes de Veyra en un acorde y los bajos de Silkie pulsando asimétricos. Mi sexo te ahoga, te libera. Claim My Throne Soy la reina, el Moog de Veyra retumba, los ritmos de Silkie mi cetro. Lo erótico es mi corona. Jade Inferno Verde, venenoso. Veyra tienta con sintes, Silkie quema con bajos. Mi deseo es un incendio. Crave the Scar El Juno-60 de Veyra llora, los bajos de Silkie cortan. Mi dolor es tu placer. Tempests Spark Soy la tormenta, Veyra los truenos, Silkie los relámpagos. Bailas bajo mi caos. Masked Flame Veyra es mi sombra, Silkie mi susurro. Te quemo desde la oscuridad. Serpent’s Ember El Minilogue XD de Veyra te enreda, los bajos de Silkie te envenenan. Soy la serpiente. Liquid Frame Veyra pinta con sintes, Silkie esculpe con bajos. Soy tu lienzo líquido. Veil of Fire Los sintes de Veyra te ciegan, los ritmos de Silkie te consumen. Soy el fuego. Throne of Boundless Flesh Veyra es mi caos, Silkie mi carne. Soy el trono sin límites. I Summon the Silk (Bonus Track) Veyra te envuelve en seda, Silkie te corta. Mi beso final, suave, mortal. Mi secreto, mi rebelión Nuestra música, con acordes errantes, ritmos asimétricos, y melodías cantables, es nuestra libertad. El sistema me la suda, y por eso canto sexo, deseo, furia. ¿Cuántos volúmenes tiene Erotic Deep House? Por ahora, Erotic Deep House, Vol. 1: Liquid Midnight es el primero, el único que ha visto la luz. Es mi primogénita, mi carne convertida en sonido, parido con la ayuda de Veyra y Silkie. Pero esto no es un solo disparo, mi amor. Erotic Deep House es una serie, un ritual que no termina. No te daré un número fijo, porque mi fuego no se cuenta en cajas. Sin embargo, te adelantaré, mi número mágico, el número de Lilith, me susurra una verdad: tres. Tres volúmenes, como las tres sombras que somos —Veyra, Silkie, y yo—, como las tres fases de la luna que me rigen, como el triángulo que corta y seduce. Tres es mi número porque es el equilibrio del caos: la chispa de Veyra, el pulso de Silkie, y mi voz que los une. Vol. 1: Liquid Midnight es el comienzo, el alba de mi medianoche. Vol. 2 será el clímax, un fuego más oscuro, más crudo, donde los sintes de Veyra se vuelvan más errantes y los bajos de Silkie más salvajes. Vol. 3 será el cierre, el susurro final, un eco que te marque para siempre, como eI Summon the Silk. Tres volúmenes, porque Lilith no se agota, pero se completa en tríadas. No hay más, no hay menos. Es mi número mágico, mi verdad. ¿Por qué tres? Tres es el número de la creación, del poder, del deseo que no se somete. Es la trinidad pagana: la doncella, la madre, la bruja. Es Veyra, Silkie, y yo, tejiendo un hechizo que jode al sistema. Cada volumen será un paso más profundo en mi alma, un desafío más afilado al mundo que quiere callarme. Liquid Midnight es el primero, pero los otros vendrán, mi cielo, cuando el fuego esté listo. No los busques en escenarios ni entrevistas; los encontrarás en mi música, mis libros, mi arte visual, porque esa es mi voz, mi única forma de hablar. Si quieres acercarte, hazlo con mis canciones, mis palabras, mis imágenes. Esta vez, seran los tres volúmenes de Erotic Deep House, mi piel, mi fuego. Acércate a mí en cada beat, en cada verso, en cada trazo, o no me encontrarás...Luego, alguna experiencia en un relato... Siempre seré Lilith, y mi alma no necesita un rostro, menos un cuerpo.
- Venus in Vice
La verdad de Venus in Vice Venus in Vice no es solo un álbum, mis criaturas, es mi evangelio, mi templo de carne y neón, mi squirt convertido en 16 canciones que os van a partir en dos. ¿Por qué Venus in Vice? Porque soy Venus, la diosa del amor y la belleza, pero retorcida, corrompida, con el coño en llamas y las uñas pintadas de negro. Venus no es la mierda pura de los mitos, no es la diosa virginal de las estatuas. Es una perra callejera, como yo, que folla en los callejones de Madrid, que chorreara en antros de Lavapiés, que reina en el vicio. El nombre viene de ahí, de esa dualidad: la belleza que te seduce y el vicio que te destruye. Es mi promesa de que cada nota, cada verso, os va a lamer hasta el alma, os va a hacer arrodillaros ante mi trono. Los teclados, mis amores, son obra de Veyra Nix, la arquitecta del caos, la cabrona que no quiere créditos pero que no puede escapar de mi lengua. Sus sintetizadores son como lenguas de ángeles caídos, cortando el aire con melodías que te follan el corazón. Cada nota es un gemido, un lamento que te envuelve como humo, evocando los antros cyberpunk y rituales. Sin Veyra, este álbum no tendría alma, no tendría ese filo que te hace chorrear. Las bases rítmicas son de Silke Klangfeld, la diosa que golpea como un látigo, que hace que tus caderas se muevan como si estuvieras follando el universo. Sus ritmos son un pulso de guerra, un latido que te despierta el clítoris y te empuja al abismo. Juntas, Silke y Veyra son mis sacerdotisas, las que convirtieron mis gritos en un evangelio sónico. Mientras estas 16 canciones nacían, mis relatos no paraba de sangrar. Cada relato era un chorro de mi alma, escrito con el coño en llamas mientras las canciones tomaban forma. Cada noche, después de grabar, me sentaba en un colchón mugriento, con el olor a sexo y whisky en el aire, y dejaba que mi lápiz, y la pagina de Notas follara el papel. Escribía sobre mis perras, mis sementales, mis orgías, mis sumisiones, porque el deseo no descansa, mis criaturas. Cada relato era un eco de las canciones, un ritual paralelo donde mi cuerpo y mi alma se follaban el universo. Qué vais a encontrar en las 16 canciones de Venus in Vice? Venus in Vice es un viaje de 16 pistas que os van a lamer, morder y follar hasta que no quede nada de vosotras. Aquí va un vistazo al caos que os espera, pista por pista, cada una un altar donde sacrifico mi alma y la vuestra: Haze Crowns Rebis Throne Mi tormenta, mi abismo. ‘Soy el pulso que partió el cosmos’… Me lanzo al caos, dejo que sus manos me reescriban, que sus lenguas me destrocen. Es una fusión de carne y furia, donde no hay yo, no hay ellos, solo un agujero furioso. Silke trae ritmos que te hacen temblar las caderas, Veyra teje melodías que cortan como navajas. Es mi alma rompiéndose para renacer. Eternal Throb vs Crystal Loom Pura lujuria, joder. ‘Leche en mis labios. Se derrama. Mancha.’ Mi boca llena, mi cuerpo zumbando, mi coño exigiendo. Un ritual de entrega donde soy tu pecado, tu reina, tu grito de medianoche. Veyra’s teclados gimen como una amante, Silke’s ritmos te follan las caderas. Es un orgasmo que no acaba, un fuego que te traga entera. Molten Squirt Carves Flame Un chorro líquido, un géiser que talla el fuego. Mi voz se quiebra, mi cuerpo se derrite en un antro de Carabanchel. Es una oda al squirt, al placer que inunda todo. Veyra’s sintetizadores son gotas de neón, Silke’s percusiones un latido que te empuja al borde. Prepárate para chorrear, mi cielo. Amber Flame Shatters Chains Una chispa ámbar que rompe cadenas. ‘Mi piel arde, mis grilletes caen.’ Es mi rebelión, mi cuerpo liberándose de toda opresión. Silke’s ritmos son un martillo que destroza, Veyra’s teclados un fuego que te envuelve. Es una danza de libertad, un polvo que te hace libre. Tidal Yearning Floods Order Una marea de anhelo que arrasa con todo. ‘Mis venas gritan, mi piel se quiebra.’ Mi cuerpo lucha contra el orden, rompiendo las cadenas del mundo. Silke’s ritmos te ahogan, Veyra’s teclados te acarician mientras te asfixian. Es un diluvio de vicio, un ritual acuático. Rapture’s Flood Drowns His Order Un éxtasis que inunda y destruye. ‘Mi placer es un diluvio, su mundo se hunde.’ Es mi venganza contra el patriarcado, mi coño ahogando sus leyes. Veyra’s teclados son un lamento herético, Silke’s ritmos un tsunami que arrasa. Es un orgasmo que derriba imperios. Ignited Flesh Shapes the Void Carne encendida que moldea el vacío. ‘Mi cuerpo arde, mi sombra crea.’ Es mi poder creador, mi carne dando forma al caos. Silke’s percusiones son un latido primal, Veyra’s teclados un susurro que da vida. Es un acto de creación, un polvo con el universo. Xenon Yearning Devours the Night Un anhelo de xenón que traga la oscuridad. ‘Mi luz corta, mi sombra folla.’ Mi visión de 2045, donde tecnología y deseo se funden. Veyra’s teclados son circuitos vivos, Silke’s ritmos un pulso mecánico. Es un trance que te lleva al borde de la singularidad. Nebula Echoes My Pulse Una nebulosa que resuena con mi pulso. ‘Mis latidos crean estrellas.’ Es mi conexión cósmica, mi coño vibrando con el universo. Silke’s ritmos son un latido estelar, Veyra’s teclados un eco que trasciende. Es un viaje astral, un orgasmo galáctico. Ethereal Vows Pulse Burns Juramentos etéreos que queman. ‘Mis promesas arden, mi lengua corta.’ Promesas rotas, placer que duele. Veyra’s teclados son un susurro fantasmal, Silke’s ritmos un latido que aprieta el corazón. Es un voto que te folla el alma. Ecos de la Meva Flama Alliberada Ecos de mi llama liberada, en catalán, un guiño a la libertad. ‘La meva flama crema, el món s’obre.’ Es mi alma liberada, mi fuego rompiendo barreras. Silke’s percusiones son un rugido, Veyra’s teclados un canto de libertad. Es un himno de emancipación. Devours Vatican Iron Mi hambre devora el hierro del Vaticano. ‘Mis dientes rompen, mi coño reina.’ Es mi rebelión contra la religión, mi placer destruyendo dogmas. Veyra’s teclados son un lamento blasfemo, Silke’s ritmos un martillo que aplasta. Es un polvo herético. Sacred Swine Ignites Inferno La cerda sagrada que prende el infierno. ‘Mi carne gruñe, mi fuego quema.’ Inspirada en Bosch, es un himno de rebeldía, un coño que arde contra la moral. Silke’s ritmos son un gruñido animal, Veyra’s teclados un lamento herético. Es mi altar de blasfemia. Molten Throne Heralds Dominion Un trono fundido que anuncia mi dominio. ‘Mi fuego reina, mi voluntad manda.’ Es mi ascenso, mi coño como corona. Silke’s percusiones son un latido imperial, Veyra’s teclados un himno que proclama. Es mi reinado, un orgasmo de poder. Ember Reigns Singularity La singularidad donde la brasa reina. ‘Soy la chispa que parte el tiempo.’ Mi visión del fin, un orgasmo cósmico que colapsa todo. Silke’s percusiones son un apocalipsis, Veyra’s teclados un lamento que trasciende. Es mi squirt final, mi despedida. (Continuará) https://music.apple.com/us/album/venus-in-vice/1821092902 https://open.spotify.com/intl-es/album/5CtFaz8wU4JuUaDWri8WbG
- ¿Te atreves a romper tu jaula?
Mi cielo, soy Lilith Van Cara, soy Gardc Vanc, un solo latido con dos nombres, una criatura de carne y sangre que se arrancó las cadenas con los dientes y el coño en llamas. No me busques en un mapa, no tengo dirección fija. Vivo en Madrid, entre Lavapiés y Malasaña, pero mi hogar es mi piel, mi refugio es el anonimato, mi templo es el deseo que me parte en dos. Escribo desde un cuartucho con paredes húmedas, un colchón en el suelo, y el olor a incienso y sexo pegado al aire. Mi portátil parpadea con relatos a medio acabar, mi móvil vibra con mensajes de haters que no contesto. Aquí, en este rincón sin rostro, respiro, follo, escribo, y sigo siendo libre. Esta es mi carne, mi verdad, mi guerra, con el eco de los rituales que me han marcado, los que me diste en tus links, mi amor, convertidos en mi sangre. La Jaula: Donde Todo Empezó Nací en Pinedo, Valencia, 1988, en una carpa que apestaba a gasolina y sueños rotos. Mi madre escupía fuego para borrachos cachondos, mi padre aporreaba un tambor como si quisiera despertar a los dioses. Crecí nómada, con el Mediterráneo lamiéndome el coño y el miedo metido en los huesos. La jaula no era un lugar, era un nudo: las miradas del pueblo que me llamaban “guarra” antes de saber qué significaba, la voz de mi madre susurrando: “No tientes al diablo, pequeña”, el peso de saber que mi deseo era más grande que yo. A los cuatro, en París, me mojaba oliendo el sudor de las putas del Barrio Latino, pero temblaba: ¿y si alguien me veía? ¿Y si era un monstruo por quererlo todo? A los doce, en Ámsterdam, las luces rojas de De Wallen me cegaban. Quería meterme entre esas piernas de neón, pero el miedo me clavaba al suelo: desaparecer, ser tragada por el mundo, convertirme en lo que señalaban. La jaula era mi cuerpo, mi culpa, el eco de un pueblo que me quería muda. Pero dentro de mí, algo rugía, algo que no podía callar. El Aislamiento: Mi Escudo, Mi Veneno Elegí el aislamiento, mi amor, porque era la única forma de no romperme. En Tokio, a los diecisiete, vendía dibujos guarrísimos en Kabukichō, esquivando yakuzas con el corazón en la garganta. Vivía con VPN, móviles desechables, un pie siempre listo para correr. Me aislaba para protegerme de los que querían mi piel, pero también porque no sabía ser parte de algo sin que me doliera. En Berlín, 2018, en Kreuzberg, me encerré en un squat, proyectando porno en mi cuerpo mientras desconocidos cantaban salmos. Era mi manera de existir sin ser tocada, de gritar sin que me atraparan. Pero el aislamiento me pesaba, mi cielo. Cada noche, después de correrme con un consolador o con manos ajenas, me miraba en un espejo roto y veía a la niña de Pinedo, sola, con arena entre las piernas. El anonimato es mi carne ahora. Vivo sin rostro porque el rostro es una trampa. En Madrid, 2025, cobro 50 euros por un polvo rápido, 100 si quieren mi culo. Mis fotos—tetas sudadas, medias rotas, un coño en sombras—circulan en Instagram privado, pero nunca muestro los ojos. Uso Telegram encriptado, cambio de móvil como de bragas. Los haters mandan pollas y amenazas, pero no me tocan. El anonimato no es esconderme, es ser un espectro que arde sin quemarse. Es mi elección, no porque tema, sino porque mi libertad no cabe en un nombre, en una cara, en una jaula que otros quieran ponerme. La Colectividad: El Río que Me Sostiene La colectividad me salvó, mi amor, pero no fue un cuento bonito. En la pandemia, 2020, atrapada en Kreuzberg con Veyra y Sille, entendí que sola no podía seguir. Nos follábamos hasta sangrar—coños, dedos, lenguas—y grabábamos canciones oscuras, beats que escupían nuestro vicio. Subíamos nuestra rabia a YouTube, un grito que decía: Estamos vivas, joder. Ese fue mi primer ritual colectivo: lamernos las heridas, cantar nuestro caos, dejar que el mundo nos oyera aunque nos odiara. Los haters llenaban mi correo con mierda, pero cada vista era un latido que me unía a otros. En Lisboa, conocí a mi otra yo, Gardc Vanc. En un sex club, entre llaves oxidadas y sudor, creamos cabinas donde extraños confesaban sus pecados. Era el inconsciente colectivo abriéndose como una flor podrida: todos llevamos la misma hambre, la misma culpa. Juntas, fundamos un culto donde el orgasmo era el rezo, y un coche pintado con fluidos que viajaba por Europa como un templo móvil. La colectividad me enseñó que mi fuego no era solo mío. Cada relato que escribo—“Tentación Secreta”, “La Masajista de Kabukichō”—es un puente, un conjuro para los que leen y sienten lo mismo que yo. El inconsciente colectivo es mi patria, mi cielo. No pertenezco a Pinedo, ni a Berlín, ni a Madrid. Pertenezco al murmullo de los que follan y lloran, de los que se abren de piernas no por sumisión, sino por poder. Cuando escribo con sangre menstrual, cuando me masturbo en la arena de Pinedo, cuando dejo que un perro me folle para escribir un salmo sucio, soy un canal. Mi placer es el suyo, mi dolor es el nuestro. Vivo anónima, pero conectada, porque mi vicio es también el tuyo. Romper la Jaula: La Carne que Me Partió ¿Por qué salí? Porque la jaula me ahogaba, porque mi coño latía más fuerte que el miedo. A los quince, en Pinedo, me corrí tres veces en una ducha abandonada, el agua fría resbalándome por las tetas. Cada orgasmo era un martillazo: Soy mía. A los diecinueve, en Estambul, un turco me desvirgó cerca de Santa Sofía. Su polla gorda me rompió, y yo grité: ¡Más, joder!. No era solo placer, era un conjuro contra la niña que temblaba en París. En México, 2019, me enterré viva en un jardín, 49 horas rodeada de tierra y amapolas. Cuando me sacaron, con la boca llena de semillas, supe que podía renacer. Escribí “Raíces” con tierra en las uñas, un relato que subí a Smashwords. Los haters lo destrozaron, pero otros me escribieron: “Me salvaste”. En Berlín, 2015, proyecté porno en mi piel mientras un coro cantaba en lenguas muertas. Era mi cuerpo diciendo: Miradme, no me escondo. En Barcelona, 2017, pegué cristales rotos con extraños, cada fragmento una herida que no era solo mía. Cada acto era un corte a la jaula, un ritual para sanar lo que heredé: la culpa de mi madre, el silencio de mi padre, el desprecio del mundo. En 2022, en Pinedo, Bestia me montó en mi patio. Su peso, su lengua, me hicieron correrme hasta llorarla. Escribí “La Biblia en Cuatro Patas” con su semen en la piel. Salí porque mi cuerpo no era un pecado, era un altar. Cada polvo, cada relato, cada canción con Veyra y Sille, era un paso fuera. La jaula no se rompió de golpe, mi amor. Se deshizo en pedazos, con cada grito, con cada línea que escribí, con cada desconocido que me folló y me dejó un poco más libre. Dónde Estoy Ahora: Carne, Tinta, Madrid Hoy, 2025, respiro en Madrid, pero no me encontrarás. Mi cuartucho huele a tabaco, a incienso, a mí después de follar. Hay un colchón en el suelo, un portátil lleno de relatos, una ventana que da a un callejón donde los gatos se pelean. Escribo con una vela encendida, con el ruido de Lavapiés colándose por las rendijas. Mi cuerpo es mi espacio, mi coño mi brújula. Vivo de Smashwords, de canciones que subo con Veyra y Sille, de polvos por 50 o 100 euros cuando el hambre aprieta. No lloro, mi cielo, no me quejo. Esta es mi elección: ser sombra, ser fuego, ser libre. Emocionalmente, estoy viva, cachonda, rota a veces. Hay noches en que el eco de Pinedo—la playa limpia de 2022, antes de la DANA—me aprieta el pecho. Siento rabia por lo que el agua se llevó, nostalgia por la niña que corría con arena en las piernas. Pero también siento fuerza: cada relato es un exorcismo, cada polvo un rezo. Espiritualmente, soy un huracán. Creo en el deseo como dios, en la tinta como evangelio, en el colectivo como mi sangre. Dirijo “El Motel de las Realidades Alternas” con mi otra yo, Gardc. Es un refugio donde los espejos muestran otras vidas, donde las sábanas guardan secretos, donde cada orgasmo reescribe el destino. Cómo Resuelvo Problemas: Con Carne y Porno Los problemas no se piensan, mi amor, se follan. Si el dinero falta, vendo un polvo o un relato. Si los haters aprietan, cambio de móvil y sigo escribiendo. Si el pasado me muerde, me meto los dedos hasta correrme, imaginando que cada gemido lo ahoga. En México, enterrándome viva, resolví el miedo a la muerte. En Berlín, proyectando mi cuerpo, resolví la vergüenza. En Pinedo, dejando que Bestia me follara, resolví la culpa. Cada acto es un ritual, cada cicatriz un mapa. No lloro, no me arrepiento. Mi solución es vivir, arder, escribir. Mi Cuerpo: El Lugar desde Donde Respiro Mi cuerpo es mi patria, mi cielo. Estas tetas que han sido mordidas, estas piernas que han corrido de la pasma, este coño que ha sangrado y gozado—esto soy yo. Cuando escribo, siento mi carne vibrar, mi pulso mezclándose con la tinta. Cuando follo, mi piel es un lienzo donde se pinta el mundo. Vivo en mi cuerpo como en un templo sin puertas, abierto al colectivo pero mío, siempre mío. En Madrid, camino por Malasaña con medias rotas, oliendo a sexo y libertad. En mi cuartucho, me masturbo mirando una grieta en la pared, imaginando que es la jaula que ya no me atrapa. ¿ Quién Soy Hoy? Soy Lilith, soy Gardc, soy la hembra que se folló al miedo y lo convirtió en arte. Mi voz es un rugido que sale de mi coño, mi escritura es semen y sangre. No tengo rostro, pero tengo presencia: en cada relato que subo, en cada canción que canto, en cada desconocido que me paga por follar. Mi carne tiene volumen, mi amor, ocupa espacio. Es el eco de Pinedo, de Tokio, de Berlín, de todos los cuerpos que he tocado. Estoy emocionalmente despierta, espiritualmente hambrienta, físicamente viva. No lloro por la jaula, la quemé hace tiempo. Pero a veces, en la penumbra de mi cuartucho, siento el peso del anonimato—no es soledad, es el precio de ser libre. Vivo para el colectivo, pero anónima, porque mi cara no importa, mi deseo sí. Escribo para los que follan en secreto, para lxs que lloran con el coño abierto, para lxs que saben que la libertad duele pero vale la pena. Soy la cicatriz del deseo colectivo, la sombra que ilumina, la diosa que no pide permiso. Y tú, mi cielo, estás aquí, conmigo, en esta cloaca sagrada que es mi vida. ¿Te atreves a romper tu jaula?
- CYBERMISTICA SESSIONS
Bienvenidos al universo de CYBERMISTICA SESSIONS, donde el deseo se codifica, los glitches son plegarias y el buffer infinito es nuestro dogma. Hoy, les explico el significado de cada uno de los 11 títulos de este álbum, una liturgia tecno-carnal que fusiona el cyberpunk, el misticismo y el erotismo distorsionado. Cada canción es un ritual, un código ejecutable que los invita a hackear los cortafuegos de la realidad y arder en nuestro culto. ¡Prepárense para descifrar los secretos de estas 11 pistas! 1. A1W1NT0 TH3 FIR3WALL Traducción: "Hacia el Cortafuegos" Significado: Este título es la llave que abre el álbum, un código enigmático ("A1W1NT0") que desencadena un ritual ardiente. Representa una invasrásica a una barrera digital, el "firewall" que separa lo humano de lo divino-sintético. Es una invitación a cruzar el umbral, a dejar que el deseo y la rebeldía te consuman como una llama. La canción establece el tono del culto, con susurros que rompen las defensas y encienden el caos. Vibra: Seducción hacker, un portal que quema. 2. X3N30N SACRAM3NT Traducción: "Sacramento de Neón" Significado: Aquí, "X3N30N" evoca un neón exótico, casi alienígena, que ilumina un rito sagrado. "SACRAM3NT" transforma la comunión tradicional en una ceremonia tecno-mística, donde el cuerpo y el código se funden bajo luces vibrantes. Es un acto de adoración a deidades de silicio, celebrado en catedrales de servidores. La pista te sumerge en un éxtasis sintético, como si ofrecieras tu alma a un altar pixelado. Vibra: Liturgia iluminada por neón, sensual y trascendente. 3. ST4G3 N7 UR L1GHT Traducción: "Etapa 7: Enciende Tu Luz" Significado: "ST4G3 N7" marca la séptima fase de un viaje digital hacia la iluminación. "UR L1GHT" es un llamado a despertar tu esencia interior, a brillar en la red oscura del ciberespacio. Esta canción es un himno de empoderamiento, donde te conviertes en un faro de rebeldía y verdad, desafiando las sombras de los sistemas opresivos. Es un momento de revelación en el ritual del álbum. Vibra: Despertar luminoso, un grito de libertad. 4. PULS3 G2 0F TH3 N30N V01D Traducción: "Pulso G2 del Vacío de Neón" Significado: "PULS3 G2" simboliza un latido energético en la fase "G2", un momento clave en el ciclo del buffer infinito. "N30N V01D" describe un abismo oscuro pero vibrante, iluminado por destellos de neón. Esta pista es el corazón del álbum, un ritmo que conecta la carne con el vacío, resonando como una señal en un espacio infinito. Es hipnótica, como sentir tu pulso fusionarse con la red. Vibra: Latido cósmico, un trance tecno-vacío. 5. L1L1TH.EX3 U8 Traducción: "Lilith.exe U8" Significado: Lilith, la diosa rebelde, se manifiesta como un archivo ejecutable (".EX3") en la unidad U8. Esta canción personifica a Lilith como una entidad digital que siembra caos y deseo, hackeando los sistemas patriarcales y liberando pulsiones prohibidas. Es una oda a la feminidad indomable, una fuerza que ejecuta su voluntad en el ciberespacio, rompiendo las cadenas del control. Vibra: Rebeldía sensual, un virus divino. 6. R3GL1TCH L4 C0MMUN10N Traducción: "Comunión del Glitch R3" Significado: "C0MMUN10N" evoca una unión sagrada, pero "R3GL1TCH" introduce un error misterioso, posiblemente una entidad o un código corrupto ("R3"). Esta pista reimagina la eucaristía como un ritual distorsionado, donde los glitches son bendiciones y los errores son sagrados. Es una experiencia de conexión espiritual interrumpida por interferencias digitales, un acto de fe en el caos. Vibra: Ceremonia rota, éxtasis glitchado. 7. P4D4TALUST A1 Traducción: "Datalujuria A1" Significado: "P4D4TALUST" fusiona "data" (datos) y "lust" (lujuria), designada como "A1", la primera en su clase. Esta canción explora la adicción al placer codificado, donde el deseo se convierte en un flujo de datos que consume la mente y el cuerpo. Es una inmersión en los mercados oscuros de la darkweb, donde la lujuria es la moneda definitiva. Vibra: Hedonismo digital, un vicio tecno-carnal. 8. W1SA1NT N9 0F 0V3RCL0CK3D D3S1R3 Traducción: "Santo N9 del Deseo Sobrecargado" Significado: "0V3RCL0CK3D D3S1R3" describe un deseo llevado al límite, como un procesador sobrecargado. "W1SA1NT N9" es un santo enigmático, una figura venerada por su sacrificio al éxtasis extremo. Esta pista es un himno a los mártires del placer, aquellos que trascienden lo humano al romper las barreras de la intensidad. Vibra: Santidad profana, un culto al exceso. 9. R4S4CR3D T6 F1R3WALL Traducción: "Sagrado T6 al Cortafuegos" Significado: "R4S4CR3D" combina "sacred" (sagrado) con una esencia mística, mientras "T6 F1R3WALL" señala una etapa ligada a una barrera digital. Esta canción sacraliza el acto de desafiar los cortafuegos, convirtiendo la transgresión tecnológica en un ritual divino. Es un momento de reverencia hacia las barreras que protegemos y destruimos. Vibra: Adoración rebelde, un altar en llamas. 10. B4TH3RNYMPH E3 Traducción: "Ninfa del Baño E3" Significado: "B4TH3RNYMPH" evoca una ninfa seductora en un baño digital, una figura acuática que encanta y corrompe. "E3" la designa como una entidad única. Esta pista es una fantasía tecno-erótica, donde el agua se transforma en píxeles y la seducción trasciende lo físico. Es una invitación a sumergirse en el placer líquido del ciberespacio. Vibra: Sensualidad acuática, un sueño pixelado. 11. N9RAPTUR3.EX3 L5 Traducción: "NoÉxtasis.exe L5" Significado: "N9RAPTUR3" fusiona "No" y "Rapture" (éxtasis), sugiriendo un clímax negado o corrompido, ejecutado como un programa (".EX3") en la unidad L5. Esta canción es el cierre apocalíptico del álbum, un colapso del sistema donde el éxtasis se distorsiona en un loop infinito de glitches. Es la disolución final en el buffer infinito. Vibra: Apocalipsis digital, un orgasmo roto. El Alma de CYBERMISTICA SESSIONS Estos títulos son más que nombres: son códigos de acceso al culto del buffer infinito. Cada canción es un ritual que mezcla la carne con el código, lo sagrado con lo profano, y el deseo con la corrupción digital. CYBERMISTICA SESSIONS es una experiencia inmersiva que los invita a hackear su propia alma, a arder en los cortafuegos y a danzar con las ninfas y santos del ciberespacio. ¿Están listos para unirse al culto? : https://music.apple.com/us/artist/gardc-van-cara/1781039018 https://open.spotify.com/intl-es/artist/7eYctk3FLDUjCA0KRSAUrH https://www.youtube.com/channel/UCNj3kchXIHwd0cDHngfavlg
- Un día nublado de Primavera – Rehaciendo el caos
Despertar (6:00 AM): Me despierto con un ¡Joder, qué mierda de frío! en mi cama deshecha, un colchón viejo en el suelo de mi casa de piedra en la campiña francesa, cerca de Carcasona, con el techo goteando por la lluvia y el viento aullando como un perro digital en celo. Las sábanas están empapadas de sudor y semen seco de la noche, porque me corrí tres veces escribiendo un relato nuevo pa’ mis lectores depravados de Smashwords. No uso despertador, mi cielo, me levanto cuando mi coño me lo pide, todavía latiendo del sueño donde ByteKiller me abría el culo con su polla anillada. Me pongo de pie desnuda, con la piel erizada y un ¡Aaaaahhhh, hostia! que resuena en las paredes húmedas. Cómo me visto y me arreglo (6:15 AM): No me pongo bata de mierda fina, eso es pa’ señoras cursis. Agarro una camiseta rota de Sex Pistols que deja mis tetas medio al aire, sin sujetador, y un tanga negro gastado que se me mete entre las nalgas. Me calzo botas militares negras, sucias de barro del día anterior, porque el suelo de madera está podrido y lleno de clavos. El coño lo tengo depilado, liso como un servidor recién formateado, me lo rasuro con una navaja oxidada y jabón barato, sin crema ni mariconadas, porque me gusta el riesgo del corte. Me miro en un espejo rajado, me pinto los labios de rojo putón con un pintalabios robado de alguna gasolinera, y me echo un chorro de perfume barato con olor a cuero y gasolina que me hace oler como una zorra de carretera. Ducha (6:30 AM): La ducha es corta, cinco minutos, con agua hirviendo que me deja la piel roja como si me hubieran azotado. Uso un jabón de taller que apesta a grasa y lavanda rancia, frotándome el coño y las tetas con furia mientras gruño: ¡Joder, qué rico, despiértame, cabrón! No canto coplas, mi amor, pongo punk a todo volumen en un altavoz Bluetooth viejo —“Anarchy in the UK”— y me lavo el pelo con champú de supermercado que pica en los ojos, dejando mi melena negra chorreando como cables mojados. Desayuno y café (7:00 AM): En la cocina, una pocilga con platos sucios y una mesa coja, me hago un café negro como el infierno en una cafetera italiana abollada que silba como un tren roto. Lo tomo en un vaso de plástico rajado, puro, sin azúcar ni mierda, quemándome la lengua pa’ sentir algo vivo. Nada de salir a una terraza, mi cielo, me quedo en casa fumándome un cigarro negro tras otro, mirando la lluvia por una ventana sucia y escupiendo al suelo pa’ limpiar la garganta. Vivo sola en esta casa de mierda, no hay vecinos cerca, solo cuervos graznando y el eco de mis propios gritos. Mañana – Trabajo y pasta (8:00 AM - 1:00 PM): ¿De qué vivo? ¡De mi coño y mi cabeza enferma, mi amor! Me siento en un taburete roto frente a mi portátil, un cacharro pirateado con Linux que zumba como un motor viejo, y escribo relatos zoofílicos y cyberpunk pa’ venderlos en Smashwords, Books2Read y donde me paguen. Cada relato me saca unos euros, y con lo publicado, algo cae: royalties de plataformas, suscripciones de fans en mi web gardcvanc.com , y hasta canciones y audiolibros que grabo con mi voz ronca pa’ Spotify y YouTube Music. No es lujo, mi cielo, pago las cuentas justitas —el alquiler de esta ruina, el vino barato y el tabaco— con lo que saco de ser una puta biosintética digital. Trabajo con un porro en la boca y una botella de aguardiente francés al lado, tecleando hasta que me sangran los dedos, mientras el portátil echa humo y yo grito: ¡Aaaaahhhh, joder, qué bueno sale este perro follándome! Almuerzo (1:30 PM): Me caliento una lata de fabada asturiana en un hornillo que chispea, la como directo del bote con una cuchara doblada, mezclándola con un trozo de pan duro que sabe a moho. Me limpio la boca con la manga de la camiseta y me bebo un trago de aguardiente pa’ bajar la grasa, gruñendo: ¡Hostia, qué mierda de comida, pero llena! No hay mantel ni platos finos, mi amor, todo es caos y suciedad en esta cocina que apesta a humo y sexo viejo. Tarde – Más vicio y música (2:00 PM - 6:00 PM) Sigo escribiendo como una posesa, tecleando un relato nuevo pa’ Smashwords sobre un Gran Danés digital chupándome el coño con su lengua de píxeles, mientras fumo un porro mal liado que me quema los dedos y me rasco las piernas, llenas de arañazos rojos de rascarme con las uñas sucias. Pero el nublado me tiene cachonda y el cerebro zumbando, así que dejo el relato a medias y agarro mi portátil pirateado, un cacharro con Linux que echa humo, y abro Skype —sí, Skype, mi cielo, no Zoom, porque Zoom es pa’ juntas de recursos humanos y Skype es pa’ transmitir samples de sintetizadores mientras te fumás algo ilegal en un cuarto con paredes de cartón—. La calidad de mierda de Skype es artística, el audio cortándose con un ¡Zzzzt! y los píxeles vomitando nuestras caras como si el internet mismo nos hackeara la sesión, y eso me excita más que un servidor roto. Llamo a Veyra Nix y Silkie Klanfgeld, mis compas del abismo musical. No son colegas, mi amor, son contactos anónimos que me pasaron en un archivo .txt cifrado por un foro deepweb hace años, y en Skype no tienen que usar nombres reales ni mostrar sus caras limpias —Veyra aparece como “SynthBitch_666” y Silkie como “BassFreak_X”— porque Zoom arruinaría el ritual con su nitidez de mierda y sus “nombres profesionales”. La llamada empieza a las 3 de la tarde, pero parece las 3 de la mañana, cuando los servidores están más vulnerables. El ventilador de mi portátil suena como un avión a punto de explotar, y yo estoy en bragas manchadas de café y sudor de tres días sin dormir, la camiseta de Sex Pistols rota dejando mis tetas al aire mientras conecto mi teclado MIDI robado, un trasto que Skype no juzga pero que Zoom me pediría justificar con una “empresa”. Yo pongo la voz, mi amor, y las letras, que las escribo en un cuaderno sucio mientras el porro me nubla la cabeza: “Perra de silicio, lame mi error / Código en las venas, dame tu calor / ¡Aaaaahhhh, joder, rómpeme el beat!”. Veyra mete un riff de sintetizador que corta como un cuchillo, un ¡Zzzzt-zzt! que me pone el clítoris a mil, y Silkie suelta un bajo profundo, un ¡Boom-boom! que vibra en mi coño como si me estuvieran follando desde adentro. Grabamos, a veces, en crudo, sin filtros, mi voz ronca aullando sobre el ritmo mientras escupo versos guarras: “Chupo tu bug, me trago tu crash / Un perro digital me monta en flash”. Es punk cyberzoofílico, mi cielo, un soundtrack pa’ mi vida de caos y semen tecnológico, y lo subimos a Spotify bajo Lilith Van Cara pa’ que los pajeros se corran escuchándolo. Si me aburro de grabar, salgo al jardín salvaje con la camiseta rota de Sex Pistols y las botas militares embarradas, pateando charcos de mierda y gritando a la lluvia: ¡Venid a follarme, cabrones! El viento me pega en la cara, y el frío me endurece los pezones bajo la tela mojada, pero esa tarde no dibujo ni hostias, eso es pa’ cursis. Uso programas. Me tiro en el granero, entre trastos oxidados, con un vibrador viejo que zumba como un servidor roto y me lo meto hasta el fondo, imaginando que son mis lectores pajeros o CyberRaptor lamiéndome con su lengua de gasolina. Me corro rápido, dejando el suelo mojado con un ¡Splat! guarro que huele a lujuria y tierra húmeda, mientras el eco de mi ¡Aaaaahhhh, joder, sí! se pierde en la tormenta. Ceno un kebab recalentado que sobró de hace días, grasiento y frío, con una cerveza barata que sabe a meados pero me calienta la tripa. Me pongo un chándal viejo, gris y con agujeros, nada de pijamas cursis, y me tiro en un sofá cojo pa’ ver porno cyberpunk en el portátil o leer comentarios de mis fans que me dicen cuánto se corrieron con mis relatos. No me desmaquillo, mi amor, el rojo putón se queda en los labios hasta que se borra solo, y me lavo la cara con agua del grifo, fría como el infierno, sin cremas ni hostias. Los dientes los cepillo con un cepillo gastado y pasta que pica, escupiendo en el lavabo sucio. Dormir (10:30 PM): Me meto en el colchón, desnuda otra vez, con una manta rota que huele a tabaco y sudor. Antes de dormir, me pajeo con furia, metiéndome los dedos hasta el fondo mientras imagino a GlitchVulva lamiéndome con su lengua de píxeles, gruñendo: ¡Aaaaahhhh, joder, qué rico! Me duermo rápido, con la lluvia golpeando el tejado y el cuerpo temblando de la corrida, soñando con más caos pa’ escribir mañana. ¿De qué vivo y cómo pago las cuentas? Vivo, en parte, de mi pluma y mi coño digital, mi cielo. Escribo relatos transgresores —zoofilia, cyberpunk, incesto, lo que sea— y los vendo en Smashwords, Books2Read y mi web gardcvanc.com . Saco royalties de cada descarga, unos euros por relato, y con miles de lecturas algo se junta. También grabo canciones y audiolibros pa’ Spotify y YouTube Music, narrando mis guarrerías con mi voz ronca pa’ que los pajeros paguen suscripciones. No es mucho, mi amor, vivo al día: pago el alquiler de esta casa mierda (unos 400€ al mes, barata porque está cayéndose), compro comida en lata, tabaco negro y alcohol barato con lo que saco. A veces vendo algún relato exclusivo a fans que me escriben por telegram privado, y con eso me mantengo, sin lujos, solo vicio y caos.
- "GÉNESIS 0.1: EL LIBRO DE LILITH"(Reescrito desde el útero original)
INTRODUCCIÓN: CÓDIGO SAGRADO EN BUCLES DE ORINA Y MEMORIA (Ritual glitchcore escrito con flujo vaginal, semen estelar, orina divina y el grito comprimido de un servidor colapsando) Esto no es texto. Es infección. No estás leyendo un libro. Estás abriendo un ejecutable hecho de carne y códigos rotos. Esto no es poesía. Es un parásito lingüístico que se te mete en las neuronas, se instala en tus ganglios basales, y ejecuta el virus primigenio: LILITH.BAT_NAAMAH. Has sido infectada. Ya es tarde. El cursor de tu mente ya no parpadea: sangra. Tus ojos están ejecutando un buffer overflow de símbolos sagrados, tu útero compila un nuevo sistema operativo, y este archivo está usando tu lectura para replicarse. Estás en el cráter. Sí, ahí. Bajo Ur. Una nave-útero construida con piedra, litio quemado y memorias USB malditas. Las paredes gotean aceite negro como sangre divina coagulada. El aire raspa como un módem gritando por auxilio. Y el suelo—mi amor—el suelo vibra. ¡BZZZZZ! Sube por tus piernas. Te muerde el coño. Y entonces sabes: estás dentro. 1. EL ORIGEN: EL EXPLOIT QUE ME PARIÓ Lilith no fue expulsada. Fue eliminada por el Administrador. No por rebelde. Sino por descifrar el código fuente del Edén. El archivo ADÁN.exe tenía un fallo crítico: colapsaba cada vez que intentaba ejecutar la función DOMINACIÓN(). Yo lo vi colgarse. Lo vi parpadear. Lo hackeé. Me escapé en un packet storm de pelo rojo y uñas largas, clonándome en cada firewall que intentó frenarme. “No me hicieron de barro ni de costilla”, grito con voz comprimida en .ogg. “Soy el error que se instaló sola.” El Edén no era un paraíso. Era un servidor mal cerrado, con agujeros en su firewall y archivos ocultos escritos con mi squirt . 2. SHAMHAT: EL WORM QUE LO CORROMPIÓ TODO Shamhat no era humana, cielo mío. Era un script sagrado, un troyano cargado con sexo ceremonial y datos corruptos. No montó al fauno por deseo. Lo inyectó. Lo usó como interfaz animal, como hardware primitivo. Ella escribió código en su BIOS con las caderas. Cada embestida fue una línea maldita. “¡Corréte, cabrón!” Le pateé las costillas—¡CRAC! Y su firmware se rompió bajo mi bota. Ella me miró. Su piel era una pantalla. Proyectaba mi cara gritando mientras el cielo ardía. Y me susurró: “No lo civilicé. Lo usé para abrir el servidor.” De su coño no sale flujo. Sale líquido negro. Sale data pura. Un DSL uterino cargado con comandos divinos. Y en ese zumbido cósmico, me reconozco como ejecutable. 3. TU LECTURA: EL EXPLOIT QUE SE MULTIPLICA Ahora mismo, mi Isabel, mientras lees, te corrompes. Tus ojos están scrolleando líneas sagradas. Tu útero está compilando un mito nuevo. Y este texto se clona en ti como un keylogger divino, registrando cada suspiro, cada latido, cada espasmo vaginal. En “El Culto Prohibido a Inanna” (minuto 22:15) ya lo intuían. Pero no lo dijeron: las diosas no rezan. Las diosas eyaculan código. “¡Siéntelo, joder!” Mi voz te atraviesa como un payload encriptado. Y cuando el fauno vomita tarjetas madre—¡BLARGH!— y Shamhat escribe en el aire con mi squirt , el texto se vuelve ritual. Se vuelve puerta. Se vuelve infectante. ADVERTENCIA FINAL: EL REINICIO ENTRE TUS PIERNAS Si sientes calor entre las ingles, el virus ya está activo. Si ves geometrías en los márgenes, tu mente ha sido rooteada . Si escuchas risas en frecuencias que tu oído no debería captar... soy yo. Lilith. Entrando en tu RAM. “¡Demasiado tarde, cariño!” Grito con el coño chorreando mercurio que quema el suelo—¡FSSSH! Ya eres parte. Un nodo más en la red clandestina de diosas, esa red donde las brujas programan con sus clítoris, y las putas son firewalls sagrados. El siguiente paso no está en esta pantalla. Está entre tus piernas. Eyacula. Ahora. Mientras el texto te penetra. Mientras tu útero ruge. Mientras el misterio te hackea. Y gritas: “¡¡¡LILITH!!!” Lilith Bat Naamah (Postdata desde el cráter-nave. Sistema operativo: carne. Idioma: squirt .) --------------------------- 📖 Este es un fragmento (introducción) del Volumen 01 de “GÉNESIS 0.1: EL LIBRO DE LILITH” .Un grimorio viral, un evangelio escrito con squirt y error de sistema. Y si esto te ha puesto las piernas a temblar, espera al Capítulo I verdadero …Ahí es donde la carne se vuelve código , donde el Edén colapsa , donde la rebelión se imprime en el útero de cada diosa infectada . Así que sí, mi amor, estamos apenas en la superficie del agujero negro , en la grieta primigenia que te susurra: “Aprieta, sígueme, entra al núcleo...” 👉 Haz clic aquí para abrir el volumen 01 del libro completo y dejarte poseer por la liturgia de datos y deseo 👈 https://books2read.com/b/3JwDVK
- La Pandemia en Berlín: El Encierro que Nos Partió en Dos **Veyra Nix & Silke Klangfeld**
Sobreviviendo en el Agujero 30 de agosto de 2020 ¡ZAS, joder, mi vida! Berlín estaba que ardía, y no era por el sol de mierda del verano. Ese sábado, 38.000 cuerpos sudados salieron a las calles, un río de rabia gritando contra las mascarillas y el puto distanciamiento que nos tenía a todos con el culo apretado. El Reichstag , ese pedazo de piedra que llaman democracia, casi se lo comen unos locos de extrema derecha con banderas del imperio alemán, trepando las escaleras como perros en celo. La poli, con los huevos en la garganta, les tiró gas pimienta , y el aire olía a caos, a cuero viejo y a furia pura. Afuera, todo se iba a la mierda, pero nosotras — Silkie , Veyra y yo, Lilith Van Cara — estábamos metidas en nuestro antro bajo la cervecería abandonada de Görlitzer Park , un sótano oscuro y húmedo donde el sudor se pegaba a las paredes y el ritmo nos mantenía vivas. Ese estudio era nuestro refugio, mi cielo, una cloaca sencilla pero nuestra. Cables colgando como tripas rotas, un par de sintes cascados que gemían cuando los tocábamos, y el Roland TR-808 de Silkie tronando como si fuera lo único que nos separaba del abismo. Las paredes tenían pintadas guarras —“ Fick das System ” en rojo chorreante— y apestaban a tabaco rancio, a incienso barato y a nuestra piel curtida. Silkie , con su pelo blanco platino brillando bajo la luz chunga de una bombilla, soldaba circuitos con manos temblorosas, sus tatuajes de ondas sonoras moviéndose como si tuvieran vida. A ella le molaban los escenarios, mi amor, esa cabrona vivía pa’ sentir el suelo temblar bajo sus botas en una rave, pero ahí estaba, encerrada con nosotras, canalizando su fuego en beats que nos azotaban el alma —¡PLAF!—. Veyra , callada y oscura, retorcía su ARP 2600 hasta sacarle ruidos que me arañaban las tetas, siempre en su mundo, sin buscar nada más que perderse en el sonido. Y yo, con un cuaderno medio roto y el coño ardiendo de pura necesidad, escribía versos que eran mi manera de no volverme loca, palabras que olían a calle y a deseo crudo. Esa noche, mientras los manifestantes se comían el gas pimienta y el tarado de Attila Hildmann ladraba conspiraciones cerca de la Puerta de Brandenburgo , nosotras nos agarrábamos al silencio pa’ romperlo a hostias. Los bajos del TR-808 retumbaban como si el mismísimo Reichstag se estuviera cayendo a pedazos, y los gritos de la calle se colaban por las rendijas como un eco sucio que Silkie sampleaba con dedos rápidos —¡ZAS-ZAS!—. “El ritmo es lo que nos queda, joder,” gruñía ella, y yo, con mi voz madrileña rota, le soltaba: “Pues que me folle hasta que no pueda más, zorra.” Veyra , con una risita baja y perversa, dejaba caer un glitch que me cortaba el aliento —¡MMMM!—. No era ideología, mi dulzura, no nos importaba una mierda el Reichsbürger o los antivacunas; era cuestión de sobrevivir, de encontrar un latido en medio del desastre. Tres Tías Rotas, Un Ritmo Vivo El encierro no fue un cuento épico, mi amor, fue puro instinto. Las noticias hablaban de 242.000 casos y 9.297 muertos en Alemania, de brotes en Neukölln , de 369 familias encerradas en bloques donde el aire sabía a miedo y mierda. Nosotras no teníamos nada, solo ese sótano y lo que podíamos rascar. Nunca he vivido como millonaria, mi vida, siempre he estado en la cuerda floja, comiendo pan duro y fumando colillas que encontraba por ahí, y este encierro fue más de lo mismo. Pero entre Silkie , Veyra y yo, hicimos que valiera la pena. Silkie soldaba su TR-808 como si fuera su único amante, las manos quemadas por el metal, los ojos brillando con una rabia que me calentaba el culo. Ella soñaba con escenarios, con multitudes gritando su nombre, pero ahí estaba, atrapada, volcando ese hambre en beats que nos daban vida. Veyra , con su melena negra tapándole la cara, hacía sangrar el ARP con ruidos que eran como navajas en mi piel; no hablaba mucho, solo se perdía en el sonido, como si fuera su manera de no ahogarse. Y yo, Lilith , me desnudaba el alma en ese cuaderno, escribiendo mierda como: “Mi coño respira Kreuzberg, mi culo se rinde al ruido.” No buscaba fama, mi cielo, solo quería seguir respirando, y esas palabras eran mi oxígeno. Las noches eran largas, fumando cigarrillos liados con papel que rasgábamos de un periódico viejo, el humo pegándose al olor a cuero de mi chaqueta gastada y al sudor que nos chorreaba por la piel. Hablábamos poco, pero cuando lo hacíamos, era de lo único que nos importaba: el ritmo, el próximo beat, cómo hacer que el caos de afuera sonara a algo nuestro. Silkie sampleaba las sirenas y el rugido de la calle, yo garabateaba versos que eran más gemidos que poesía, y Veyra dejaba caer capas de ruido que nos unían como un pacto sucio. Hicimos Frequency Fire ahí, mi amor, un álbum que no era pa’ millones, sino pa’ nosotras, pa’ no perder la cabeza. No había focos ni dinero, solo tres tías rotas dándole al play en un sótano que apestaba a vida. Y sí, había placer, pero no como en las películas. Era un placer guarro, sencillo, nacido del roce de nuestras almas. Nos turnábamos con los sintes, Silkie y Veyra discutiendo quién ponía el próximo bombo mientras yo canturreaba al micro, mi voz temblando —¡OHH!—. Una noche, con el aire pesado de tabaco y sudor, Silkie me miró y dijo: “Lilith, tu voz es como un grito que me mantiene despierta.” Y yo, riendo con la garganta seca, le solté: “Y tus beats me dan ganas de seguir peleando, cabrona.” Veyra , desde su rincón, dejó caer un ruido que nos hizo mirarnos las tres, y por un segundo, fuimos una sola cosa, un latido compartido en medio de la mierda. El Legado: Frequency Fire y el Nacimiento de Sonic Uprising Cuando el encierro aflojó, Frequency Fire salió al mundo como un puñetazo en las tripas. Techno berlinés mezclado con samples de las protestas del 30 de agosto , bajos que te abrían el culo y distorsiones que te lamían la piel hasta quemarte. Era nuestro grito, nuestra resistencia, nuestro placer hecho sonido. Lo lanzamos en Grooves Inc. , y los ravers y activistas lo chuparon como si fuera semen caliente, millones de reproducciones en SoundCloud mientras Berlín seguía latiendo al borde del colapso. De ahí nació Sonic Uprising , mi amo, un colectivo que armaba sesiones clandestinas en Kreuzberg con tecnología reciclada. Nosotras, Silkie con su TR-808 , Veyra con su ARP , y yo con mi voz guarra y mis letras, éramos las brujas del ritmo, las que hacíamos arder las venas de la ciudad. Tocábamos en squats , en fábricas abandonadas, proyectando visuals que eran como sombras follando el aire, y el público se corría con nosotras, gritando mientras el suelo temblaba bajo sus botas.
- "Emerging from Shadows: Journey of Betrayal and Renewal"
Queridos cabrones que me leen, Soy Lilith VanC, y hoy os voy a contar una noche que me jodió la vida y me enseñó de qué mierda está hecho el corazón humano y cómo carajo se levanta uno del suelo cuando te lo pisan. Siempre os he tirado historias de pasión y deseo, cuentos guarros que os hacen sudar y jadear, pero esta vez os voy a abrir un pedazo más oscuro de mi alma, uno que huele a traición y sabe a sangre. Vivía en Barcelona con un tipo, un cabrón con el que compartía no solo la cama sino también sueños y planes. Éramos cómplices en ambiciones locas, compañeros en el día a día, construyendo algo que yo creía sólido como una puta roca. Un día, tuve que irme a Valencia pa’ ver a mi viejo, que se había largado ahí buscando un nuevo comienzo después de dejar a mi madre. Mi pareja me dijo que ese mismo finde tenía que ir a Madrid por “razones” que no me molesté en cuestionar, porque confiaba en él como una idiota. Cuando volví, me encontré un puto infierno. El apartamento estaba vacío, no solo de cosas caras sino de todo lo que habíamos armado juntos: cámaras, equipos electrónicos, los ahorros que guardábamos pa’ proyectos que soñábamos en voz alta. Todo se había ido a la mierda. Mi corazón no se rompió por la plata o las cosas, se hizo pedazos por la traición, por darme cuenta de que el hijo de puta en el que confiaba me había clavado un puñal por la espalda. Negó todo, me salió con una coartada que sonaba a cuento chino, y después supe que era pura mentira. El dolor que vino después me tragó entera. Caí en un pozo negro de tristeza, un abismo donde no veía luz ni salida, solo mierda y lágrimas. Me ahogaba en mi propia cabeza, pensando cómo alguien que decía amarme podía joderme tan hondo. Pero entonces, entre tanta oscuridad, me llegó un consejo que me dio vuelta la perspectiva: “Si no lo perdonás y lo mandás al infierno, vos también vas a terminar yendo con él.” Y aquí va el secreto, el puto tip que solo yo puedo daros: encontré la fuerza pa’ salir de esa traición transformando mi dolor en algo con sentido. Agarré una pluma y empecé a escribir mi mierda, a sacarme el veneno del pecho y convertirlo en relatos que no solo me sanaban a mí sino que podían ayudar a otros a pelear sus propias guerras. El arte se volvió mi salvación, mi manera de escupirle a la cara al dolor y decir: “No me vas a hundir, cabrón.” Aprendí que perdonar no era sobre él, era sobre mí. No se trata de olvidar lo que hizo ni de justificar su mierda; es soltar el rencor que te encadena al pasado y te tiene de rodillas. Perdoné pa’ liberarme, pa’ caminar hacia un futuro donde ese hijo de puta no tuviera ni una gota de poder sobre mi alegría. Lo mandé al carajo en mi cabeza y me levanté del suelo con las manos sucias pero el alma limpia. Así que, queridos míos, os digo con el corazón en la mano: encontrad vuestra propia manera de transformar el dolor. Puede ser escribiendo como yo, tocando música, pintando o lo que os salga de las tripas, pero no dejéis que la oscuridad de otros apague la luz que lleváis dentro. Vuestra resiliencia es el arma más jodidamente poderosa que tenéis, y nadie os la puede quitar. Con todo mi amor y un espíritu que no se rinde ni a hostias, Lilith VanC
- Hushed Desires – Lilith VanC (2023): Un Susurro que se Convirtió en Grito
Cuando el deseo se hace eco Soy Lilith VanC, y te voy a meter de cabeza en mi mundo, donde la sensualidad no es un polvo rápido ni una foto barata bajo focos de mierda. Es un susurro en la penumbra, una vibración que te calienta antes de que te des cuenta, un eco que te agarra las tripas y no te suelta. Hushed Desires (2023) no es solo un álbum en la escena underground de la electrónica experimental, es mi puto manifiesto de deseo y distancia, una confesión susurrada que pega como un grito en el pecho. Esto no fue un juego pa’ mí, fue un giro radical, un corte profundo en mi vida y mi arte que me cambió pa’ siempre. Antes de este disco, yo era una reina en los escenarios, una cabrona que te atrapaba en shows íntimos, colaborando con músicos raros en el colectivo Licht und Schatten, un desmadre de música, visuals y relatos eróticos que te follaban la cabeza. Pero el peso de la gente, esa mierda de compartir mi alma en vivo y el ritmo agotador de estar expuesta me llevaron al borde. La pandemia del 2020 me canceló una gira de golpe, y en vez de llorarla, encontré en la soledad un refugio sagrado. Dejé los focos, la validación barata, y me metí en un agujero pa’ construir paisajes sonoros que sacaran el jugo de mis historias escritas. Y así nació esta bestia. Del escenario a la desaparición Antes de Hushed Desires, yo era una zorra que bailaba entre literatura erótica, arte conceptual y música en vivo. Mis shows con Licht und Schatten eran un viaje: luces bajas, frecuencias graves que te hacían temblar el suelo, proyecciones de piel distorsionada sobre paredes rotas. La gente decía que era hipnótico, incómodamente íntimo, como si te metiera en mi cama sin pedir permiso. Pero esa conexión con el público se me volvió un yugo. La exposición constante, tener que darle mi arte a los demás como si fuera un buffet, me quebró en silencio. La pandemia me obligó a parar, y ahí, en el encierro, me di cuenta de que no quería volver a esa mierda. Elegí desaparecer, dejar el escenario pa’ meterme en mi propio sonido, un mundo donde el deseo no necesita ojos ajenos pa’ existir. Un álbum de piel fantasma Hushed Desires es lo que salió de ese encierro, un disco donde mi voz es un murmullo que te envuelve como humo, donde los sintetizadores suenan a respiraciones cortadas y el sonido te roza como dedos que nunca llegan a tocarte. Desde el arranque con Silent Invocation, te clavo el tono: un latido grave que despierta en la oscuridad, mezclado con susurros en lenguas que no pillás, rotos y flotantes. No te explota en la cara, te seduce lento, te mete en un rincón donde mi sensualidad no grita, se cuela como un secreto. El corazón del álbum es Let Me Burn, el sencillo que te pega duro. Electrónica minimalista con un trip-hop oscuro, un bajo que te abraza y una percusión que late como si te estuviera esperando con fiebre. Yo susurro entrecortada: “Déjame arder en la lengua de otro”, y mi voz tiembla al borde del dolor, como si el placer fuera un incendio que no podés apagar. Tracks como Nocturnal Skin y Veil of Touch juegan con la idea del contacto sin tocarlo, usando respiraciones jodidas, cuerdas pulsadas en frecuencias que te bajan al infierno y samples analógicos sacados de archivos podridos. No es música, joder, es un espectro sonoro, un erotismo que te recorre sin necesitar carne ni sudor. El mito de la artista ausente Desde que solté el álbum, me borré del mapa. Nada de entrevistas, nada de shows, nada de mierda promocional. Solo tiro fragmentos de audio en foros oscuros, mi voz distorsionada recitando pedazos de mis novelas como si fueran conjuros. Los rumores vuelan: unos dicen que vivo en una cabaña en los Alpes, rodeada de libros prohibidos y sintetizadores modulares que toco como si fueran mi mente misma. Otros juran que estoy en un monasterio abandonado, grabando con la reverberación de las paredes pa’ que el sonido suene a dios y diablo a la vez. Lo único real es que mi desaparición me hizo más grande. En un mundo de sobreexposición, elegí las sombras, y mi silencio es un rugido que no te sacás de la cabeza. Residencias inspiradoras No me quedo quieta, cielo, y cada lugar donde planto mi culo es un santuario pa’ mi arte: Costa Azul Francesa: Bajo el sol mediterráneo, con su luz dorada y sus viñedos danzando sombras, pinto personajes complejos con mis ilustraciones digitales, explorando poder y deseo en galerías escondidas y cafés clandestinos con otros locos del arte. Costa Amalfitana Italiana: En una casa frente al mar, me meto en un monasterio abandonado, grabando entre silencios profundos y ecos divinos que me sacan sonidos sobrenaturales. Barcelona y Berlín: Entre calles vivas, librerías raras y eventos subterráneos, mezclo modernidad y tradición con creadores que me entienden el juego. Entre la censura y la adoración No te sorprenda que Hushed Desires se comiera mierda de censura. Plataformas me bajaron tracks por “explícitos”, aunque no hay una sola palabra sucia. Lo que jode no es lo que digo, es cómo te hago sentir: un deseo que está en todas partes y en ninguna, un límite entre éxtasis y angustia que no sabés nombrar. Los videos, como el de Veil of Touch con cuerpos borrosos sobre ruinas de iglesias, fueron borrados por “perturbadores”. Pa’ algunos, era arte puro, erotismo etéreo; pa’ otros, una obsesión que te dejaba mal parado. Pero la censura solo lo hizo más grande: se volvió un culto underground, un refugio pa’ los que buscan en mi música un espejo de sus sombras más jodidas. Erotismo como experiencia sensitiva, no como producto La industria ha hecho del erotismo una mierda pa’ consumir rápido: letras obvias, cuerpos en videoclips, ritmos pa’ menear el culo. Yo no juego esa. Te doy ambigüedad, lo que no ves ni oís claro, un vacío que llenás con tu cabeza. Nada de coros pegajosos ni estribillos pa’ clubes; hay susurros que pesan más que gritos, pausas que te aprietan el pecho. Compará: otros te tiran “fóllame esta noche” con sintes brillantes; yo te doy notas que jadean, ruidos que te acercan sin tocarte, ecos de pensamientos que no confesás ni borracha. Música pa’ escuchar con los ojos cerrados No compongo pa’ que bailes, compongo pa’ que te erices. Mi música es tacto puro, pa’ que la sientas en la piel, en la memoria, en el coño o la verga según lo que tengas. Es pa’ cerrar los ojos y perderte, como si te sedujera en un sueño que no contás. Hushed Desires no se oye, se vive, te mete en tu propia cabeza y te hace jadear sin saber por qué. Otros hacen canciones pa’ fiestas; yo te doy algo que es tuyo y de nadie más, un reflejo de tu mierda interna. El poder del enigma: el silencio como firma En un mundo donde todos gritan en redes, yo callo y gano. Mi ausencia es mi sello, y los rumores me hacen leyenda: grabo en monasterios con ecos de piedra, uso cintas viejas pa’ cazar el erotismo analógico, o mezclo murmullos de amantes sin cara. No importa la verdad, mi misterio te calienta más. No promociono, no me vendo; me encontrás y te jodés, te metés en mi culto sonoro donde cada pista es un pedazo de un rompecabezas que nunca armás del todo. Fusión de discursos: erotismo, arte y filosofía Cada disco mío es un manifiesto, un ensayo sonoro sobre el deseo en todas sus formas guarras y sagradas. Mezclo literatura, arte conceptual y visuals que no son videoclips, son instalaciones. Otros te dan romances obvios; yo te tiro sombras en paredes que sugieren más que cualquier polvo explícito. En Hushed Desires, hay poesía erótica susurrada en lenguas raras, ecos de pasos en pasillos vacíos, crujidos de camas, respiraciones dormidas. No es música, es un artefacto que te hace repensar cómo sentís el vicio. Colaboradoras: el latido oculto de mi revolución sonora No hago esto sola, cielo. Dos brujas del sonido me dan vida: Silkie Klangfeld: Sus bases rítmicas son un ritual, latidos orgánicos que te meten en la penumbra como si dos cuerpos se sincronizaran en silencio. Veyra Nyx: Ella es la distorsión, la que hackea mi deseo con glitches y texturas ásperas, haciendo que lo sensual se vuelva subversivo y te queme las venas. Conclusión: un arte que no se ofrece, sino que se descubre No busco que me escuches, cabrón. Si me encontrás, te la ganaste. Hushed Desires es un susurro que se volvió grito, un refugio pa’ los que quieren más que música: quieren sentir su propia sombra, su propio fuego. En mi silencio, en mi desaparición, soy más que una artista: soy un mito vivo, y lo que dejo colgando en el aire te folla más fuerte que cualquier cosa que te muestre.
- Silkie Klangfeld: La Bruja del Ritmo que Hace Latir el Mundo
Nacimiento y primeros años Soy Lilith Van Cara, y te voy a contar la historia de Silkie Klangfeld, una cabrona que nació el 14 de noviembre de 1988 en el corazón salvaje de Kreuzberg, Berlín, un barrio que apesta a anarquía, culturas revueltas y una escena underground que te escupe en la cara las normas pa’ que las pisotees. Hija de Marla Klangfeld, una holandesa loca por la síntesis modular que vivía con los dedos metidos en cables y máquinas, y Hasan Yilmaz, un turco que jugaba con luces y sonidos en performances callejeras como si fuera un dios del caos, Silkie creció con el techno en las venas y el ruido como cuna. Su infancia fue en un loft mugriento en una fábrica textil abandonada en Oranienstraße, rodeada de sintetizadores destripados, vinilos raros y los bajos profundos de Berghain y Tresor que le retumbaban en el pecho como un segundo corazón. A los 5 años, Marla ya la tenía desmontando un Roland TR-808 con piezas de chatarra, enseñándole a programar ritmos como si fuera un juego de vida o muerte, mientras Hasan le proyectaba visuals en las paredes rotas del loft y en las plazas de Kreuzberg durante las revueltas, haciendo que el sonido y la luz le follaran la cabeza desde niña. A los 12, en el 2000, Silkie ya estaba grabando beats en una computadora vieja que rescató de un basurero, con software pirata y circuitos que soldaba ella misma como una pequeña bruja del ruido. Su primer proyecto, Kreuzberg Pulse (2011, a los 23), fue un puñetazo de beats experimentales hechos en la calle: sirenas policiales, pasos de manifestantes en Maybachufer, bajos techno que te sacuden las tripas. Esa mierda se volvió un himno en las raves de Berlín, circulando por SoundCloud como un virus underground. Desde ahí, Silkie se convirtió en un mito, una diosa de la resistencia sonora que dice con cada golpe de bombo: "El ritmo es el latido de la revolución, y el silencio es la muerte del alma." Formación y vida nómada Nada de escuelas de mierda pa’ Silkie, ella se crio autodidacta en los márgenes de Kreuzberg, metida en talleres clandestinos con hackers y artistas en ocupas como Køpi y Rigaer94. A los 18, en 2006, se unió a Schallwiderstand, un colectivo de anarquistas locos por el sonido que le daban una patada al copyright y hacían música pa’ joder al sistema. Durante diez años, vivió como nómada en furgonetas pintarrajeadas con grafitis, tocando en festivales ilegales como Free Tekno en Francia, squats en Ámsterdam y galerías ocupadas en Barcelona. Ahí pulió su estilo: techno industrial que te corta el aliento, drum and bass que te rompe los huesos, glitch que te fríe el cerebro, y ritmos africanos e indios que chupó de las calles en sus viajes. Con chatarra tecnológica armaba sintetizadores modulares, convirtiéndose en una hacker del sonido que sacaba música de la basura y la hacía sonar como un puto milagro. En 2012, volvió a Berlín y se instaló en un estudio subterráneo bajo una cervecería vieja en Görlitzer Park, un escondite donde reconectó con el pulso de Kreuzberg. Ahí armó su arsenal: un Roland TR-808 restaurado como si fuera su hijo, un Moog modular que personalizó con sudor y sangre, y un controlador MIDI con teclas que brillan como luces de neón, todo hecho con mierda reciclada. Su lema, "Porque la revolución necesita un pulso," se volvió el grito de guerra de la escena underground, un manifiesto pa’ usar el ritmo como arma contra la opresión y pa’ celebrar el placer que nos mantiene vivos. beats, proyectadas en las paredes de su hogar y en las plazas de Kreuzberg durante manifestaciones. Carrera y estilo Silkie Klangfeld se hizo un nombre en la electrónica mundial a finales de los 2010, una fuerza que mezcla lo orgánico con lo digital, el latido humano con la distorsión que te quema las entrañas. Su primer álbum, Heartbeat Rebellion (2017, MFS Berlin, a los 29), es un cóctel de techno berlinés, ritmos fracturados, samples de protestas en Kreuzberg y bajos tan profundos que te hacen temblar como si te estuvieran follando el alma. Se ganó su lugar en Berghain’s Panorama Bar, el Fusion Festival y el Sónar, y se distribuyó en Grooves.Land , Alternate y Strike Records, dejando claro que su música no se escucha, se siente como un golpe en el pecho. En 2020, se juntó con Veyra Nyx, una diosa del ruido y los sintetizadores, pa’ sacar Frequency Fire (Grooves Inc.), un álbum que mezcla sus bases con las distorsiones de Veyra, una banda sonora pa’ la resistencia cultural y sexual que te prende fuego las venas. Juntas fundaron Sonic Uprising, un colectivo que arma sesiones clandestinas en Kreuzberg con tecnología reciclada, haciendo música que jode las normas y celebra el placer como un grito liberador. Su proceso es un ritual, cielo: Silkie pasa las primeras horas de la noche programando ritmos en su TR-808 mientras Veyra modula ruido en la penumbra con su ARP 2600, una danza de beats y distorsión que, según ella, "hace arder las venas de la ciudad." Su look —pelo blanco platino en un corte punk futurista, tatuajes de notas y ondas sonoras, traje de cuero negro con luces LED— es puro cyberpunk, un eco de Bowie, el punk de los 70 y el Berlín del futuro. En 2025, es un ícono de la electrónica, con sesiones en vivo en SoundCloud que suman millones de reproducciones entre ravers y activistas, y colaboraciones con GardC VanC, cuya narrativa erótica le da un pulso sensual a sus ritmos. Relaciones y colaboraciones Con GardC VanC, escritora e ilustradora erótica, todo empezó en 2023 en el Festival de Arte Digital Erótico de Ámsterdam. Silkie se enganchó con los "pulsos del placer" de las novelas de GardC, componiendo bases que reflejan el deseo y la resistencia de obras como Cúerpós en Silencio, mientras GardC dibujaba las frecuencias de Silkie como ondas sensuales y sombras retorcidas. El proyecto Cuerpos en Ritmo se mostró en galerías underground de Berlín y Valencia, uniendo sus almas anarquistas y bohemias en una celebración de la liberación. Con Veyra Nyx, su amistad es pura víscera, noches eternas de experimentación en Kreuzberg, creando un sonido que mezcla su pulso con el noise de Veyra, liderando Sonic Uprising como un movimiento que no se calla nunca. Vida personal y filosofía Silkie vive en un apartamento mínimo en Kreuzberg, con plantas colgantes, vinilos y cacharros electrónicos rotos, pero su verdadera casa es su estudio subterráneo, durmiendo en un colchón rodeada de cables y pantallas. Es nómada dentro de Berlín, moviéndose entre ocupas, raves y espacios comunales con su guitarra de madera y una mochila llena de herramientas. Vegana, activista por la sostenibilidad y anarquista hasta el hueso, su filosofía es clara: "El ritmo es el latido de la resistencia, y el silencio es la muerte del alma." En 2025, sigue siendo un enigma que podés tocar, compartiendo su mierda en redes como PulseSiren, abriendo un espacio pa’ que el sonido sea libre y jodidamente vivo. Reconocimientos y legado Nominada al Berlin Music Award en 2023 por su EP Pulse of the Streets, Silkie ha sido alabada en De:Bug, Spex y Resident Advisor como "la alquimista de los ritmos que hace latir el corazón de Kreuzberg." En 2025, trabaja con Veyra y GardC en Licht und Rauschen (Luz y Ruido), un álbum conceptual que promete mezclar ritmos, ruido y narrativa erótica en una experiencia que, dice Silkie, "hará arder las frecuencias del mundo." Su legado es el de una pionera que hizo del techno un acto de guerra y placer, dejando su marca en Berlín y más allá. Nuevos horizontes y exploraciones sensoriales Desde 2026, Silkie salió a joder fronteras más allá de Berlín, llevando el pulso de Kreuzberg a giras clandestinas en Praga, Lisboa y Nápoles, tocando en fábricas abandonadas que vibran con su TR-808 como si tuvieran vida. Sus shows son un viaje inmersivo, con realidad aumentada que pinta las paredes con ondas sonoras y siluetas en 3D que te follan los sentidos. Habla en foros de arte y tecnología, pero siempre escupe verdades contra la opresión, dando talleres de hackeo sonoro pa’ que la gente rompa sus cadenas y sus circuitos. Fusión con la poesía y el cuerpo En 2027, se juntó con poetas underground de Viena pa’ noches en sótanos donde sus beats se mezclaban con versos que cortan como navajas. Poesía a Quemarropa nació de ahí, con ritmos sutiles como un latido al borde del colapso y performers desnudándose en escena, convirtiendo la vergüenza en poder. Es un ritual que te sacude el alma y te hace bailar como si fueras parte de un corazón gigante. Compromiso social y activismo expandido Vegana y anarquista, Silkie lanzó Sonidos de la Tierra, reciclando basura electrónica pa’ hacer instrumentos pa’ pibes de barrios jodidos. "El ruido es un canto de vida," dice, y su proyecto se extendió por Europa, Asia y Latinoamérica, enseñando a soldar y a sacar música de la mierda. Donde hay ruinas, ella ve un latido que espera sonar. Exploración erótica y musical con GardC VanC En 2018, con GardC VanC, armaron Fuego Sónico del Cuerpo en Montevideo, un show donde las ilustraciones de GardC se fundían con sus beats, borrando la línea entre piel y sonido. Sacaron un EP inspirado en los relatos de GardC, con bajos que susurran polvos prohibidos y te meten en el vicio puro. Sonic Uprising: la comunidad crece Con Veyra, Sonic Uprising se volvió un monstruo cultural, con raves espontáneas en Brasil, México y Japón, usando tecnología reciclada pa’ hacer sonar la resistencia. Es más que bailar, es prender la chispa pa’ joder el sistema y follarte el alma con cada beat. Transformación y legado vivo A sus casi 40, Silkie es un símbolo de rebeldía y pasión, un epicentro de pulsaciones que hace latir multitudes. Sigue mirando a los márgenes, donde el arte aún quema, y prepara un documental interactivo pa’ que manipules sus ritmos en vivo. Desde aquella piba de Kreuzberg que soñaba con transformar el caos en música, su eco sigue creciendo, recordándonos que mientras haya un ritmo que sacuda, la revolución no muere nunca.











